Opinión

La muerte de Diego, el nacimiento de Maradona

El día que Messi juega en la ciudad de Maradona por primera vez, un recorrido por las mejores escenas del documental que Asif Kapadia hizo sobre el Diego de Nápoles. Por Ignacio Fusco.

Por Ignacio Fusco

Messi jugará por primera vez en el estadio donde, hace años, terminó de consagrarse Maradona. Foto: Fotobaires

Messi jugará por primera vez en el estadio donde, hace años, terminó de consagrarse Maradona. Foto: Fotobaires

La joda era así: el domingo a la tarde jugaba, el domingo a la noche salía. Después también salía el lunes, salía el martes, salía el miércoles también, drogándose con la cocaína que le había vendido o regalado la Camorra, mientras su esposa cuidaba todo el tiempo a las dos hijas que tenían. La limpieza, el entrenamiento, el stop, eran de jueves a domingo, el día que en el San Paolo tenía que volver a aparecer el Señor. La esposa que cuidaba a las hijas era Claudia Villafañe y el adolescente de 25 años que se mandaba aquellas giras era Diego Armando Maradona, que así, tal cual, las contó en Maradona. Rebelde. Héroe. Estafador. Dios, el documental de Asif Kapadia que se estrenó en octubre del año pasado en la Argentina. Kapadia tenía más de 500 horas inéditas de videos de Maradona –en Barcelona, en Buenos Aires, en el Distrito Federal– pero tenía que contar una historia, una sola, una línea de tiempo que concentrara la esencia, la luz y la oscuridad, y eligió la que sucedió en la ciudad en la que este martes a las cinco de la tarde Lionel Messi jugará al fútbol por primera vez: Nápoles. La ciudad de la ascensión definitiva, la tierra en la que nació Maradona y el Diego de Fiorito desapareció. “Porque Diego ya no era Diego: era Maradona, que es una persona totalmente distinta”, dice Claudia en el documental. Nápoles será otra vez la capital mundial del fútbol, aunque sea por un día, más de treinta años después. El Barcelona de Messi visita al Napoli por la ida de los octavos de final de la Champions League. Indirectamente, Maradona renace una vez más.

Cinco voces guían la historia que sucedió en el Sur: la de Maradona, la de Claudia, la de su preparador físico Fernando Signorini, la de la prensa y una que acá no habíamos escuchado casi nunca, la voz de una de sus hermanas, María. Todas las entrevistas del documental son exclusivas, aunque hay una que a Kapadia le costó un poquito más: la primera vez que viajó a Dubái para charlar con Maradona (en el contrato se habían estipulado algunas entrevistas) montó todo el set de filmación en la mansión, había viajado con todo su equipo desde Londres, y Maradona, cuenta una crónica del libro revista Don Julio, simplemente le dijo que no tenía ganas de charlar, “maestro, dígale a mi abogado y arreglamos otro día nomás”. Era mediodía, a orillas del Golfo Pérsico. Maradona estaba durmiendo y lo tuvieron que ir a despertar.

Porque hay un rey omnipotente, un Diego odioso y caprichoso que pocos cuentan, que es el que nació en la ciudad donde Barcelona jugará la Champions League. ¿Cómo será chasquear los dedos y que todo suceda porque lo imaginaste, porque lo quisiste, porque sí? ¿Alguien fue Thanos, el villano de los Avengers, alguna vez? En la cancha ese superpoder lo veían todos (en Nápoles llegó a haber una huelga de transportistas porque no querían trabajar los fines de semana, o sea: el día que jugaba él), pero afuera de ella también. “Me sentía que estaba adentro de El Padrino”, dice Diego, mientras vemos una foto en una cena con los capomafia de la ciudad. Lo que Kapadia ha logrado fue que veamos y sintamos la soledad y la fragilidad de Maradona, un hombre que pudo no haber sucedido jamás: ser el tipo más conocido del mundo (una empresa norteamericana encargó a fines de los 80 ese estudio, que encabezó él), ser el primer ídolo deportivo luego de la explosión de la televisión, serlo en el alboroto de Nápoles, ¿cómo se aguanta, cómo es posible, cómo se hará? ¿Cómo se vive con un maremoto que se agita adentro tuyo?

Hay un video en el documental, un VHS con esos colores de reunión familiar de hace mil años en el que Maradona está bailando en una fiesta con una negra hermosa. Estamos en Nápoles, siempre estamos ahí. De fondo, mientras tanto, aparece ahora su voz lenta y pastosa, la primera pista de todas las vidas que el zurdo ha vivido, su voz de hoy: “Una de mujeres era. Muchas. Hermosas. Demasiadas mujeres, todas lindas. Y yo a Claudia la amaba, pero no era un santo”. Entonces el ojo de la cámara se cierra, queda de frente a la cara del Diego lleno de rulos: los ojitos dos fuegos, la sonrisa con la que el Negro Olmedo remataba un gag.

“Yo estaba en mi casa --oímos de repente la voz de Claudia--, prendo la tele y veo que hay una mujer que dice que ese bebé es de Diego. Él llega llorando, me dice que es mentira”. Todos los noticieros, todos los diarios de Italia estallaban con el embarazo de Maradona y Cristiana Sinagra, que daba entrevistas abrazando al bebé después del parto, todavía acostada en la cama del hospital. Es obvio que la historia que habría que contar es la del amor y las profundidades de Claudia, pero este tipo ha elegido vivir cosas que tienen un peso demencial: todo eso fue antes, apenitas, del Mundial 86. Todo eso mientras, en su casa, el documental rescata una imagen genial. Diego y Dalma, papá adolescente y nena de cuatro años tirados en el living, jugando con un micrófono a gritar, a cantar: “Milan… fuck you. ¡Los vamo’ a reventar!”. Ternura, violencia, rebeldía, amor: todo siempre junto, todo siempre a la vez. 

“En la cancha –dice Diego en un momento, el Diego de la voz slow motion, luego de que viéramos cómo el presidente del Napoli lo traicionaba, cómo intentaba que el pueblo, la prensa, la mafia, que todos fueran contra él– en la cancha desaparece todo”. 

En esa cancha, en la ciudad en la que nació el héroe eterno, jugará Lionel Messi por primera vez.

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