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Pelusa, Bocha, Bruja, Cholo… ¿Por qué los llaman así?

El mundo del fútbol está repleto de apodos, derivados de distintas y variadas circunstancias. Aquí hacemos un repaso de algunas de ellas

Diego Maradona en el encuentro entre Argentina y Nigeria durante el Mundial de Rusia 2018(EFE)

Diego Maradona en el encuentro entre Argentina y Nigeria durante el Mundial de Rusia 2018 | EFE

Muchas veces se cae de maduro, basta con mirar algún aspecto físico de la persona para darse cuenta el porqué, como le sucedió a Ángel Di María cuando pasó a ser conocido como “Fideo” por su aspecto parecido al de un tallarín. En otras ocasiones, lo que da su origen es un derivado del nombre o apellido y en algunas oportunidades, tal vez más originales, se da una combinación de ambas, como es el caso de Bochini, quien por ser cabezón y luego de la ocurrencia de un compañero de inferiores, pasó a ser conocido como “El Bocha”. Seguramente además el hecho de quedarse pelado a muy temprana edad haya ayudado para que el sobrenombre perdure en el tiempo. 

Lo cierto es que futbolistas con apodos hay miles y muchos de ellos hasta tienen más de uno. A continuación te contamos el origen de algunos de ellos

LOS APODOS DE D10S

Cuando leemos  o escuchamos “Diegote”, “El Pibe de Oro”, “El 10” “D10S”, “Barrilete Cósmico” o “Pelusa” nadie tiene dudas: Se está hablando de una sola persona, con nombre y apellido: Diego Armando Maradona. El mito y la voz popular dice que el primer apodo que recibió fue el de “Pelusa”, debido a su melena llena de rulos cuando siendo apenas un niño ya gambeteaba a sus compañeritos en los potreros de Villa Fiorito. Sin embargo, no hace mucho, el mismo Diego explicó que el mote nació junto con él, ya que de bebé “tenía un pelo finito a lo largo de todo su cuerpo”.

Años más tarde, cuando ya mostraba su talento en el fútbol profesional y los equipos de todo el mundo se peleaban por él, ofreciendo millonarios contratos, comenzaron a llamarlo “El Pibe de Oro”, mismo apodo que 40 años atrás había recibido un elegante volante central de Boca llamado Ernesto Lazzatti.

Pero aún faltaban más bautismos. Corría el año 1985 y el ex entrenador de la selección nacional, Cesar Luis Menotti, en una entrevista se refirió  a Maradona (algunos dicen despectivamente) como “Barrilete”, lo que alimentó la disputa que tenían en esos momentos el entrenador y el relator Víctor Hugo Morales. El actual periodista tomó partido por el Capitán argentino y lo dejó inmortalizado en el relato del mejor gol de todos los tiempos: “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” gritó eufórico luego de que Diego anotara su segundo gol contra Inglaterra en México 86. Nacía un nuevo apodo. Más tarde, ya retirado y en épocas en las que andaba para todos lados junto a su representante y amigo Guillermo “Guillote” Coppola se le sumaría “Diegote” y finalmente “D10S”, por obvias razones que no necesitan explicación.

LOS APODOS TAMBIÉN SE HEREDAN
Muchos son los hijos que reciben el mismo mote de un hermano o del padre. Tal es el caso de Juan Sebastián Verón, quien cuando arrancó a jugar al fútbol comenzaron a llamarlo “Brujita”. No había otra opción. Su padre, Juan Ramón, había sido uno de los grandes ídolos de Estudiantes de La Plata y su apodo pesaba más que su mismo apellido. Según cuentan en La Plata, el delantero hechizaba a sus rivales y los gambeteaba a su antojo, por tal motivo le decían “La Bruja”. Con el correr de los años, Juan Sebastián creció junto a su apodo, que dejó de usar el diminutivo.

La herencia no siempre es de sangre, a veces es esa genética que hace que un jugador haga recordar a otro y en esos casos la fonética también ayuda. Diego Pablo Simeone era un adolescente y jugaba en las inferiores de Vélez.  Cuando uno de sus entrenadores, Victorio Spinetto lo vio por primera vez no lo podía creer. Su garra y entrega lo hacía acordar a un jugador que había dirigido en el Fortín en los años 50. ¡Y tenía el mismo apellido! Estamos hablando de Carmelo Simeone, a quien habían apodado el “Cholo” en aquella época, palabra que se utilizaba para describir a los hijos de indígenas y europeos pero que tenían más rasgos de los nativos en estas tierras.

ALGUNOS APODOS INMORTALES

Muchos futbolistas que ya no están serán recordados para la eternidad junto a sus motes, tal es el caso del “Palomo” Usuriaga, quien luego de ser figura en un partido en sus primeros pasos por el fútbol colombiano se ganó de premio un canje de un traje en una conocida sastrería de su país. Cuando pisó a la tienda, el delantero no lo dudó: eligió un traje todo blanco. Al llegar al barrio así vestido uno de sus amigos gritó: “Ahí viene el Palomo”. 

Por su parte, uno de los futbolistas más recordados del ascenso por su forma de ser y por su apodo, será para siempre José Luis “Garrafa” Sánchez. El exjugador de Banfield heredó el apodo de su padre, quien tenía un camión y repartía garrafas de gas licuado en el barrio.

Si bien el sobrenombre de “Loco” fue repartido entre muchos jugadores y entrenadores, uno de los que mejor supo llevarlo a lo largo de su vida fue René Houseman. El delantero, emblema de Huracán y campeón del Mundo de Argentina en 1978, solía ausentarse de las concentraciones para irse a beber con sus amigos en la Villa del Bajo Belgrano y llegaba sobre la hora a los partidos, en los que así y todo se lucía. Cuentan también que no aceptó mudarse a un departamento a Parque Patricios cuando los dirigentes de Huracán intentaron alejarlo de sus orígenes. Con el tiempo, Houseman siguió sumando actos que alimentaron su leyenda. Sobre el final de los partidos, solía hacerse el lesionado para que sus compañeros puedan reemplazarlo. En ese entonces, los que no jugaban no cobraban los premios. Esas actitudes tan humildes como geniales, a veces son incomprensibles para el resto de los mortales, quienes solemos confundir el extremo donde la genialidad se une con la locura. Seguramente entonces esa sea la razón por la que sus actos estarán ligados para siempre con su apodo de “El Loco”.

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